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Investigadores recuperan 42 páginas de un manuscrito bíblico del siglo VI

Un equipo multidisciplinario utilizó imágenes multiespectrales para rescatar fragmentos del Codex H, un texto clave de las Cartas de San Pablo. El hallazgo revela el sistema de organización de textos cristianos más antiguo que se conoce.

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Recuperan páginas perdidas del Nuevo Testamento después de 1.500 años (Damianos Kasotakis)
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Puntos clave de la noticia:

    Un equipo de la Universidad de Glasgow recuperó 42 páginas de un manuscrito del Nuevo Testamento del siglo VI. Permanecían ocultas desde hacía siglos tras haber sido reutilizadas como material de encuadernación en Grecia. Monjes del monasterio de la Gran Laura, en el monte Athos, desmembraron el libro entre los siglos X y XIII. Reciclaron el pergamino para reforzar otros escritos, una práctica común que dispersó los fragmentos por bibliotecas de varios países. La clave del hallazgo está en un accidente químico. El manuscrito fue retintado en algún momento de su historia. La tinta fresca se transfirió a las páginas adyacentes y generó impresiones fantasma. El equipo usó imágenes multiespectrales para procesar digitalmente esas huellas invisibles al ojo humano. Las dataciones por radiocarbono confirman que los pergaminos pertenecen al siglo VI. El líder del proyecto, Garrick Allen, afirma que es un hallazgo de gran magnitud para la historiografía religiosa. Además, el Codex H contiene el registro más antiguo del aparato euthaliano. Se trata de un sistema de prólogos y marcadores que servía para navegar por el texto antes de que existieran los índices modernos. Las anotaciones en los márgenes también demuestran que los monjes modificaban activamente los documentos sagrados. Los investigadores creen que pueden aplicar esta técnica para rescatar otros textos fragmentados en colecciones europeas.

Un equipo de investigadores liderado por la Universidad de Glasgow recuperó 42 páginas de un manuscrito del Nuevo Testamento del siglo VI, conocido como Codex H, que permanecieron ocultas durante siglos tras ser reutilizadas como material de encuadernación en Grecia. El hallazgo, anunciado por la institución británica, fue posible gracias al uso de tecnología de imágenes multiespectrales que permitió detectar rastros de tinta invisibles al ojo humano.

El manuscrito original, que contiene una versión en griego de las Cartas de San Pablo, fue desmembrado entre los siglos X y XIII por monjes del monasterio de la Gran Laura, en el monte Athos. Durante ese periodo, los religiosos reciclaron el pergamino para reforzar otros textos o como hojas de respeto, una práctica común en la Edad Media que dispersó los fragmentos por bibliotecas de Italia, Rusia, Ucrania y Francia.

Tecnología de recuperación y el fenómeno de la tinta

La recuperación del contenido se basó en la identificación de un proceso químico accidental. Según el informe de la investigación, el manuscrito fue retintado en algún momento de su historia, lo que provocó una transferencia de la tinta fresca a las páginas adyacentes. Este fenómeno generó "impresiones fantasma", una imagen especular del texto original que el equipo de la Early Manuscripts Electronic Library (EMEL) logró procesar digitalmente.

Garrick Allen, profesor de crítica bíblica en la Universidad de Glasgow y líder del proyecto, señaló que el Codex H es un testigo fundamental para comprender la evolución de la escritura cristiana. De acuerdo con Allen, haber descubierto evidencia nueva en esta cantidad sobre la forma original del documento representa un hallazgo de gran magnitud para la historiografía religiosa.

Para confirmar la antigüedad de los folios, los especialistas colaboraron con expertos en París para realizar dataciones por radiocarbono. Los resultados ratificaron que los pergaminos pertenecen al siglo VI, lo que los sitúa entre los registros más tempranos de la literatura paulina.

El sistema de navegación más antiguo

El análisis de las páginas recuperadas reveló que el Codex H incorpora el registro más antiguo del denominado aparato euthaliano. Este sistema consistía en una estructura de prólogos, listas de capítulos y marcadores de citas que permitía a los lectores navegar por el contenido antes de que se estandarizara la numeración de páginas y los índices modernos.

Aunque el contenido de las Cartas de San Pablo ya era conocido por la academia, la disposición del texto en este códice difiere significativamente de las ediciones actuales. Las anotaciones y correcciones encontradas en los márgenes sugieren que los monjes no solo copiaban los textos, sino que realizaban un trabajo activo de actualización y modificación de los documentos sagrados en los centros monásticos griegos.

Los investigadores estiman que el manuscrito original pudo tener cientos de páginas, aunque la mayoría fueron recicladas para fines prácticos a medida que el volumen sufría el desgaste del tiempo. El éxito de esta técnica abre la posibilidad de aplicar procesos similares en otros textos fragmentados que se encuentran dispersos en colecciones europeas.