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Científicos en Estados Unidos identifican método para frenar la grasa abdominal

Investigadores de la Universidad de Connecticut hallaron que el gel de testosterona reduce la grasa visceral en mujeres mayores. El estudio abre nuevas vías para mejorar la recuperación física y prevenir enfermedades metabólicas.

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Imagen de una persona llevándose la mano a su lado derecho abdominal.

Puntos clave de la noticia:

    Un estudio de la Universidad de Connecticut revela que aplicar gel de testosterona junto con ejercicio físico frena la acumulación de grasa visceral en mujeres mayores. La investigación analizó a 66 mujeres mayores de 65 años que se recuperaban de fracturas de cadera. Tras seis meses, quienes usaron el gel combinado con actividad física redujeron su grasa abdominal profunda. En cambio, el grupo sin tratamiento hormonal siguió acumulando este tejido peligroso. La grasa visceral rodea los órganos vitales y aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades del corazón. Con la edad, el cuerpo tiende a depositar más lípidos en esta zona crítica. Los científicos explican que la testosterona influye en cómo el organismo distribuye la grasa. Este hallazgo podría cambiar los protocolos de recuperación en adultos mayores. Controlar la grasa abdominal reduce la inflamación y mejora la respuesta al ejercicio. El equipo busca ahora confirmar si los beneficios se mantienen a largo plazo y si el tratamiento sirve para otros grupos con problemas similares.

Investigadores de la Universidad de Connecticut, en Estados Unidos, determinaron que el uso de gel de testosterona combinado con ejercicio físico previene la acumulación de grasa visceral en mujeres mayores durante procesos de recuperación médica. El hallazgo, publicado tras un seguimiento clínico, identifica una estrategia para mitigar la redistribución de lípidos que ocurre naturalmente con el envejecimiento y que suele concentrarse en el área abdominal.

El estudio se centró en el análisis de 66 mujeres mayores de 65 años que se encontraban en proceso de rehabilitación tras sufrir fracturas de cadera. Según los científicos, este grupo poblacional es particularmente vulnerable a un incremento rápido de la grasa que rodea los órganos internos, un fenómeno que complica la recuperación funcional y eleva el riesgo de padecer afecciones crónicas.

El impacto de la grasa visceral en la salud

La investigación distingue entre dos tipos de tejido adiposo: el subcutáneo, ubicado bajo la piel, y el visceral. Mientras que el primero no representa un riesgo inmediato para el organismo, la grasa visceral rodea órganos vitales y está vinculada directamente con el desarrollo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Con el avance de la edad, el cuerpo humano tiende a desplazar sus reservas de energía hacia esta zona crítica.

Los expertos observaron que la testosterona desempeña un papel determinante en la forma en que el cuerpo distribuye estos depósitos. Durante el ensayo clínico, se dividió a las participantes en dos grupos. Al primero se le administró un tratamiento que incluía la aplicación de gel de testosterona junto con una rutina de actividad física supervisada. El segundo grupo, que funcionó como control, no recibió el tratamiento hormonal.

Tras seis meses de monitoreo, los resultados revelaron una diferencia significativa entre ambos sectores. Las mujeres que utilizaron el gel mostraron una reducción en sus niveles generales de grasa visceral. Por el contrario, el grupo que no recibió la intervención registró un aumento en la acumulación de tejido adiposo abdominal, un resultado que los investigadores describieron como el comportamiento típico tras una lesión de gravedad en la vejez.

Perspectivas para el tratamiento del envejecimiento

La redistribución de la grasa no es solo un problema estético, sino un factor que deteriora la calidad de vida. Los científicos señalaron que la pérdida de masa muscular y el aumento de lípidos internos son procesos paralelos que debilitan la estructura metabólica de los adultos mayores. El uso de hormonas, bajo supervisión médica, podría convertirse en una herramienta para contrarrestar este deterioro.

El equipo de la Universidad de Connecticut explicó que este enfoque podría transformar los protocolos de recuperación postoperatoria. Al controlar la expansión de la grasa abdominal, se reduce la inflamación sistémica y se mejora la respuesta del cuerpo ante el esfuerzo físico. Este avance sugiere que la intervención hormonal, ajustada a las necesidades de cada paciente, es una vía viable para fomentar un envejecimiento más saludable.

El estudio concluye que el equilibrio entre el ejercicio y el soporte farmacológico es fundamental. Los próximos pasos de la investigación buscarán determinar si estos efectos se mantienen a largo plazo y si el tratamiento es aplicable a otros grupos demográficos que enfrentan problemas similares de redistribución metabólica. Por ahora, los datos ofrecen una alternativa concreta para frenar uno de los efectos más perjudiciales del paso del tiempo en el organismo humano.