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Sociedad

Terapia Gestalt: los riesgos de un enfoque psicológico sin validación científica

Expertos advierten sobre la terapia Gestalt, un enfoque que carece de evidencia científica y puede ser practicado por personas sin formación clínica, presentando riesgos para la salud mental de los pacientes.

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Puntos clave de la noticia:

  • La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
  • Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
  • El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.

La búsqueda de apoyo psicológico puede conducir a personas en estado de vulnerabilidad hacia terapias que carecen de evidencia científica, las cuales, en lugar de ofrecer ayuda, pueden agravar su situación. Un ejemplo señalado por especialistas es la terapia Gestalt, un enfoque que, a pesar de su popularidad, presenta serios riesgos debido a su falta de rigor metodológico y a una laxa regulación sobre quién puede practicarla.

A diferencia de corrientes con amplio respaldo empírico, como la terapia cognitivo-conductual, la terapia Gestalt no se fundamenta en un análisis del origen biológico de los pensamientos y emociones. Nacida en la década de 1930 de la mano de los psicoanalistas Frederick y Laura Perls, esta corriente se define como humanista y se centra en el "aquí y el ahora", el desarrollo personal y un supuesto equilibrio entre cuerpo, mente y alma, conceptos que no cuentan con validación científica.

Los profesionales de la salud mental advierten que esta falta de estructura convierte las sesiones en un proceso sin un plan de actuación claro, lo que puede prolongar el tratamiento indefinidamente sin obtener resultados concretos y medibles.

Riesgos principales: falta de formación y metodología

Uno de los mayores peligros asociados a la terapia Gestalt es que su práctica no está exclusivamente reservada a psicólogos con formación clínica. La proliferación de cursos de corta duración permite que personas sin los conocimientos necesarios sobre la conducta humana, procesos evolutivos o psicopatologías ofrezcan servicios terapéuticos. Esta ausencia de una base sanitaria puede llevar a que no se detecten problemas psicológicos graves o se apliquen intervenciones inadecuadas.

Psicólogos consultados explican que otro problema central es la inexistencia de técnicas unificadas. La terapia Gestalt combina influencias del psicoanálisis, el budismo y escuelas holísticas, resultando en un conjunto de prácticas que dependen más de la personalidad del terapeuta que de un protocolo estructurado. “En un contexto psicoterapéutico debe haber una estructura detrás que marque las necesidades de la persona, no del terapeuta”, señala una especialista en psicología clínica.

El caso de un hombre que buscó ayuda por estrés laboral y familiar ilustra estos riesgos. Tras dos sesiones, identificó señales de alerta. El supuesto profesional, un psicólogo colegiado, insistía en prácticas superfluas, como entrar descalzo a la consulta, y centraba el diálogo de forma obsesiva en la relación del paciente con sus padres, a pesar de que el motivo de consulta era otro. No se establecieron objetivos terapéuticos ni un plan de trabajo. Por el contrario, el terapeuta intentó generar un conflicto familiar al sugerir que su esposa e hijas se habían unido en su contra, recomendándole abandonar sus responsabilidades y buscando, aparentemente, que toda la familia se convirtiera en paciente.

Señales de alerta para los pacientes

Para evitar caer en prácticas pseudocientíficas, los expertos recomiendan a los pacientes estar atentos a ciertas señales. La primera y más importante es verificar que el profesional tenga una formación universitaria en psicología y esté debidamente colegiado.

Además, toda terapia legítima debe comenzar con una evaluación del caso para luego definir una metodología de trabajo y unos objetivos claros. Si un terapeuta evita hablar de un plan de actuación o del tiempo estimado del tratamiento, es una señal de alarma. El objetivo final de un proceso terapéutico es dotar al paciente de autonomía y herramientas para gestionar sus problemas, no crear una dependencia indefinida con el terapeuta, lo que además resulta más lucrativo para este último.

La insistencia en temas ajenos al motivo de consulta, la creación de nuevos conflictos o la falta de soluciones prácticas son también indicativos de un enfoque poco profesional. La salud mental es un área delicada que requiere ser tratada con el rigor de la ciencia y la ética profesional, lejos de métodos que prometen bienestar sin ofrecer una base sólida para alcanzarlo.