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La disputa hegemónica entre Estados Unidos y China redefine el conflicto en Medio Oriente

El actual conflicto en Medio Oriente trasciende la región para convertirse en un catalizador del rediseño del orden mundial y la seguridad energética global.

Publicado

El Estrecho de Ormuz

Puntos clave de la noticia:

  • La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
  • Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
  • El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.

El conflicto en Medio Oriente ha dejado de ser una disputa regional para transformarse en el escenario de una confrontación sistémica entre las potencias globales, donde el control de los recursos energéticos y las rutas comerciales define el nuevo equilibrio de poder. A diferencia de las crisis petroleras de 1973 o 1979, la actual inestabilidad en el Estrecho de Ormuz ocurre en un mercado donde el petróleo ha perdido peso relativo en la matriz energética, aunque sigue siendo el eje de la seguridad internacional.

La actual disrupción en el suministro, estimada entre 10 y 12 millones de barriles diarios debido a las tensiones con Irán, ha provocado un incremento del 65% en el precio del crudo Brent. Este impacto es significativamente menor al de décadas pasadas, cuando cortes de menor volumen triplicaban o cuadruplicaban los precios. La explicación reside en que el petróleo representaba el 46% de la matriz global en 1973, mientras que hoy ronda el 30%, habiendo cedido terreno ante el gas natural y otras fuentes.

El cambio en la vulnerabilidad energética

El factor determinante en la geopolítica actual es la transformación de Estados Unidos, que pasó de ser un importador vulnerable a convertirse en el mayor productor mundial de petróleo y gas. Esta autosuficiencia, sumada a su liderazgo en la exportación de Gas Natural Licuado (GNL), altera el cálculo estratégico de Washington frente a una posible confrontación directa con Teherán.

La vulnerabilidad se ha desplazado hacia Europa y Asia. China, como principal importador global, se encuentra particularmente expuesta, mientras que la Unión Europea enfrenta una fragilidad agravada por su dependencia del GNL proveniente de Estados Unidos, Australia y Qatar, países que concentran el 60% de la oferta mundial. La interrupción de suministros desde el Golfo Pérsico evidencia la inseguridad energética europea y explica su rol marginal en la resolución del conflicto.

La dimensión sistémica del conflicto

La ofensiva contra Irán se enmarca en la disputa hegemónica entre Estados Unidos y China. Irán no actúa solo como un actor regional, sino como un socio estratégico de Beijing y Moscú, destinando la mayor parte de su producción petrolera al mercado chino. Un Irán con capacidad nuclear y alineado con el bloque asiático alteraría el orden mundial de manera irreversible.

Este escenario marca el fin del "dividendo de la paz" de la posguerra fría y el inicio de un orden regido por relaciones de poder y un aumento generalizado en los gastos de defensa. La globalización tradicional, basada en cadenas de valor optimizadas, está siendo reemplazada por esquemas de suministro entre aliados, conocidos como friend-shoring.

En este contexto de fragmentación, las prioridades de la agenda global han virado hacia la seguridad alimentaria y energética. Para regiones como el Mercosur, este reordenamiento presenta una oportunidad estratégica. La integración regional podría posicionar a los países sudamericanos como proveedores confiables de los recursos que el mundo demanda con urgencia, transformando acuerdos comerciales en plataformas de seguridad estratégica frente a la incertidumbre global.