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La falta de protección solar provoca mutaciones genéticas y cáncer de piel

La dermatóloga Ana Molina advierte que la radiación solar sin protección altera el ADN y debilita el sistema inmunitario. El daño acumulado durante los primeros 20 años de vida es el principal factor de riesgo para desarrollar tumores.

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Ana Molina, dermatóloga, advierte que no usar protector solar puede causar mutaciones en el ADN y desencadenar cáncer de piel, especialmente durante los primeros 20 años de vida. (Fuente: Internet)

Puntos clave de la noticia:

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  • El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.

La exposición prolongada a la radiación solar sin las barreras adecuadas provoca mutaciones en el ADN y debilita el sistema inmunitario de forma localizada, según advirtió la dermatóloga Ana Molina. La especialista señaló que el uso de fotoprotectores no debe considerarse una cuestión estética, sino una medida preventiva fundamental para evitar patologías graves y alteraciones biológicas profundas en el organismo humano.

El riesgo derivado de la falta de protección se divide en tres ejes principales que afectan el funcionamiento natural de la piel. En una entrevista con el periodista Alberto Chao, Molina explicó que la radiación solar tiene la capacidad de reducir las defensas cutáneas al generar una respuesta de inmunosupresión. Este fenómeno deja al órgano más extenso del cuerpo vulnerable ante agentes externos y procesos celulares anómalos.

El segundo factor, calificado por la experta como el de mayor peligrosidad, se refiere al daño genético estructural. La doctora advirtió que la ausencia de cremas protectoras puede "provocar mutaciones en el ADN", un proceso que actúa como precursor directo del desarrollo de tumores malignos. Esta vulnerabilidad es especialmente crítica durante las etapas tempranas del desarrollo, cuando las células presentan una mayor tasa de división y susceptibilidad a cambios permanentes.

El riesgo crítico en la juventud

El impacto de la radiación solar acumulada durante la infancia y la adolescencia es determinante para el historial médico de cualquier paciente. Según el análisis de Molina, la probabilidad de desarrollar patologías oncológicas aumenta de forma exponencial "sobre todo si ese sol nos da en los 20 primeros años de vida". Durante este periodo, el tejido cutáneo carece de la madurez necesaria para reparar eficientemente las agresiones causadas por los rayos ultravioleta.

La acumulación de daño solar en las dos primeras décadas de vida genera una memoria celular que se manifiesta años después. La dermatóloga insistió en que el cuidado preventivo en menores no es opcional, ya que las quemaduras solares sufridas antes de la edad adulta multiplican el riesgo de padecer melanoma y otros carcinomas cutáneos en la madurez. La protección constante es la única herramienta eficaz para interrumpir esta cadena de deterioro genético.

Consecuencias estéticas y biológicas

Más allá del riesgo oncológico, la experta señaló un efecto estético con una base patológica clara: el deterioro prematuro del tejido. Molina afirmó que las personas que no utilizan crema solar experimentarán un "envejecimiento tan acelerado" que transformará radicalmente el aspecto y la salud de su cutis. Este proceso, conocido como fotoenvejecimiento, destruye las fibras de colágeno y elastina de forma irreversible.

La dermatóloga sugirió que el beneficio temporal de un bronceado no compensa el daño colateral sufrido por las capas profundas de la piel. Aunque la exposición moderada es necesaria para procesos biológicos como la síntesis de vitamina D, Molina enfatizó que esta debe realizarse bajo estrictos controles. "Obvio el sol nos tiene que dar", señaló la doctora, pero aclaró que es imprescindible hacerlo de manera responsable para evitar los efectos adversos de la sobreexposición.

Como medida preventiva final, la especialista recomendó integrar el uso de fotoprotectores en la rutina diaria, independientemente de la estación del año o la ubicación geográfica. El control periódico de manchas y lunares con un profesional médico se mantiene como la segunda línea de defensa para detectar a tiempo cualquier anomalía derivada de la exposición solar previa.