Cultura
Una nueva historia de la bomba atómica reabre el debate sobre las motivaciones de su uso
Un análisis del nuevo libro de Garrett Graff, 'The Devil Reached Toward the Sky', revela una crítica a la omisión de evidencia clave que sugiere que el bombardeo de Japón fue también un acto geopolítico dirigido a la Unión Soviética, más allá de la justificación de salvar vidas estadounidenses.
Puntos clave de la noticia:
- La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
- Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
- El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.
En su reciente libro, “The Devil Reached Toward the Sky: An Oral History of the Making and Unleashing of the Atomic Bomb”, el historiador Garrett Graff presenta una extensa compilación de testimonios sobre la creación y el uso de la bomba atómica. Sin embargo, a pesar de su vasta investigación, la obra es criticada por omitir perspectivas que complican la narrativa tradicional sobre la destrucción de Hiroshima y Nagasaki.
Una de las omisiones más notables es la declaración del teniente general Leslie Groves, supervisor del Proyecto Manhattan, quien en 1954 afirmó: “Nunca tuve la menor ilusión de que Rusia fuera nuestro enemigo y que el proyecto se llevara a cabo sobre esa base”. Esta perspectiva sugiere que el lanzamiento de la bomba sobre Japón pudo tener un doble propósito: no solo forzar la rendición japonesa y evitar una costosa invasión estadounidense, sino también demostrar el poderío militar de Estados Unidos ante la Unión Soviética de Joseph Stalin, en los albores de la Guerra Fría.
Una historia oral con omisiones clave
La crítica señala que el formato de historia oral permite a Graff eludir un análisis directo, presentando un mosaico de voces que, en última instancia, refuerza la versión oficial. Se echa en falta la opinión de figuras como Patrick Blackett, físico británico y antiguo tutor de Robert Oppenheimer, quien sostuvo que el bombardeo fue “la primera gran operación de la guerra fría diplomática con Rusia”.
Asimismo, el libro no profundiza en el hecho de que el gobierno japonés ya buscaba la rendición en junio de 1945, con la única condición de preservar la figura del emperador, una demanda que finalmente fue concedida después de los ataques. En cambio, Graff destaca la justificación del general George C. Marshall: “Teníamos que poner fin a la guerra, teníamos que salvar vidas estadounidenses”.
El dilema de los científicos y el legado del proyecto
El libro documenta adecuadamente el monumental esfuerzo industrial detrás de la bomba, desde las instalaciones de Los Álamos hasta las plantas secretas en Oak Ridge y Hanford, donde miles de personas trabajaron sin conocer el propósito final de su labor. También detalla el conflicto moral de los científicos involucrados. Muchos, habiendo huido del fascismo europeo, participaron motivados por el temor a que la Alemania nazi desarrollara primero el arma atómica.
Una vez que la derrota de Alemania fue inminente, surgieron voces disidentes. Físicos como Joseph Rotblat abandonaron el proyecto, mientras que Albert Einstein expresó su arrepentimiento por haber impulsado su desarrollo. Leo Szilard, una figura clave en los inicios, hizo circular una petición advirtiendo sobre el peligro de “abrir la puerta a una era de devastación a una escala inimaginable”. Estas advertencias, sin embargo, fueron desestimadas.
El libro concluye con los testimonios de los sobrevivientes, como Kazuo Chujo de Hiroshima, quien describió la escena como algo más allá del infierno: “Presencié el día del juicio final”. El debate sobre la justificación moral y estratégica del uso de las bombas atómicas no es meramente académico. Las justificaciones empleadas en 1945 continúan influyendo en la percepción contemporánea del armamento nuclear, perpetuando, según la crítica, un mito de inevitabilidad que sigue siendo una amenaza en el presente.





