Farándula
París dedica una retrospectiva inédita a Hilma af Klint, pionera del arte abstracto
El Grand Palais inaugura la primera gran muestra monográfica en Francia sobre la artista sueca que anticipó la abstracción moderna. La exhibición reúne 130 obras que permanecieron ocultas por décadas debido a la voluntad de la autora.
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El Grand Palais de París inauguró este miércoles la primera gran retrospectiva en Francia dedicada a la pintora sueca Hilma af Klint, una muestra que reúne 130 obras para reivindicar su papel como precursora de la abstracción frente a figuras históricas como Vasili Kandinski. La exposición, organizada en conjunto con el Centro Pompidou, permanecerá abierta hasta el 30 de agosto y se centra en el ciclo "Pinturas para el Templo", un conjunto de 193 cuadros creados entre 1906 y 1915.
Pascal Rousseau, curador de la muestra, señaló que esta exhibición busca respetar la lógica interna del ciclo artístico de Klint de una manera que no se había intentado anteriormente. La pintora, quien creció en una familia burguesa y se formó en la Real Academia Sueca de las Artes, desarrolló un lenguaje visual que integraba elementos de la ciencia, la física y las matemáticas con el ocultismo y la cultura popular. Según explicó el experto, la artista propuso un vocabulario totalmente inédito para su época.
El misticismo como motor creativo
El proceso creativo de Klint estuvo profundamente marcado por sus creencias espirituales y su práctica como médium. En la serie monumental "Los diez más grandes", una decena de pinturas de gran formato realizadas entre octubre y diciembre de 1907, la pintora afirmó actuar bajo las órdenes de entidades espirituales que dictaban las formas y colores de sus lienzos. Por esta razón, la artista omitió su firma en la mayoría de sus cuadros, al considerar que ella no era la inventora de ese lenguaje, sino una transcriptora de misterios.
En este trabajo místico y físico, Klint contó con la colaboración de sus colegas y amigas Gusten Andersson y Cornelia Cederberg. La artista estaba convencida de que en su interior habitaban diversas personas reencarnadas, como la poeta medieval Hildegarda de Bingen, y sostenía que incluso las plantas poseían alma. Esta síntesis entre lo masculino, lo femenino y lo natural se refleja en el uso de figuras geométricas y colores vivos que caracterizan su obra abstracta.
Un legado postergado por voluntad propia
A pesar de haber desarrollado un corpus artístico completo años antes que referentes masculinos como Piet Mondrian o Kazimir Malévich, la obra de Klint permaneció fuera del circuito público por décadas. La pintora, consciente de que el talento y la naturaleza de su trabajo no serían apreciados por la crítica de su tiempo, estipuló en su testamento que su colección de pinturas abstractas debía permanecer oculta hasta 20 años después de su fallecimiento, ocurrido en 1944.
Esta decisión provocó que la historia del arte oficial visibilizara a otros hombres como los únicos impulsores de la pintura abstracta. No fue hasta 1986, 42 años después de su muerte, que sus cuadros se expusieron por primera vez en Los Ángeles, Estados Unidos. Posteriormente, una retrospectiva en el Museo Guggenheim de Nueva York en 2018 y otra en Bilbao en 2024 consolidaron su reconocimiento internacional.
Rousseau explicó que la pintora tenía la plena conciencia de que su obra estaba destinada al futuro. El curador concluyó que esa visión fue una profecía autorrealizada, pues el vocabulario visual de Klint mantiene hoy un impacto considerablemente fuerte en las nuevas generaciones de artistas, superando en vigencia a otros pioneros de la modernidad.





