Economía
Carmen Correa: La mujer paga mejor pero recibe menos crédito en Bolivia
La CEO de Pro Mujer analiza las brechas de género en el sistema financiero y el impacto de la banca comunal en nuestro país. Advierte que la sobrerregulación limita el alcance de las entidades que atienden a los sectores más vulnerables.
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El microcrédito se ha consolidado como uno de los motores fundamentales de la economía en nuestro país, alcanzando una cartera de 70.526 millones de bolivianos al cierre de 2025, según datos de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI). En este escenario, las mujeres representan el 66% de los prestatarios en instituciones financieras de desarrollo, aunque enfrentan barreras estructurales que limitan su crecimiento. Carmen Correa, CEO de Pro Mujer, explicó que a pesar de que la mora femenina es menor, las emprendedoras suelen recibir montos menores que los hombres bajo las mismas condiciones.
Pro Mujer, una entidad que nació en Bolivia en 1990, ha logrado expandir su modelo de banca comunal a 23 países de la región. En nuestro territorio, la organización atiende a unas 105.000 mujeres cada año, un impacto que se multiplica al considerar el entorno familiar. "Las microfinanzas son un motor de la economía y del desarrollo. Han sido un ejemplo para economías que continúan en desarrollo, como las latinoamericanas", señaló Correa durante su reciente visita al país.
El modelo de la banca comunal
La metodología de la banca comunal permite que personas sin garantías reales o patrimonio físico accedan al sistema financiero. El modelo se basa en grupos de entre ocho y 30 personas donde el compromiso colectivo funciona como respaldo del crédito. Según explicó la ejecutiva, esta es muchas veces la única puerta de entrada para mujeres que operan en la informalidad, un sector que en Bolivia abarca entre el 82% y el 85% de la actividad económica.
Correa defendió el costo operativo de este sistema, señalando que requiere una fuerte presencia territorial y acompañamiento constante. "No es un modelo barato porque la tecnología de banca comunal requiere mucho personal detrás. Hay que estar en el territorio, atender la demanda y hacer seguimiento", afirmó. Para la ejecutiva, la inversión social se traduce en resultados económicos concretos: las empresas con liderazgo femenino presentan rendimientos hasta un 25% superiores.
Desafíos regulatorios y entorno económico
A pesar de la solidez del ecosistema microfinanciero boliviano, considerado uno de los más avanzados de América Latina, Correa advirtió sobre los riesgos de la sobrerregulación. Según la directiva, la falta de una normativa diferenciada para las Instituciones Financieras de Desarrollo (IFD) dificulta la llegada a poblaciones vulnerables. "Una IFD no es un banco. Nosotros no solicitamos garantías reales y tenemos otra forma de operar. Hoy hay restricciones que hacen casi insostenible seguir avanzando si no hay cambios", explicó.
El sector también enfrenta presiones externas derivadas de la coyuntura nacional. La escasez de divisas y la caída del poder adquisitivo han comenzado a ser monitoreadas con cautela por las entidades financieras, ante un posible deterioro de la capacidad de pago de los pequeños prestatarios. Actualmente, Santa Cruz y El Alto se mantienen como los principales polos de colocación de estos recursos, vinculados mayoritariamente al comercio, el transporte y la manufactura familiar.
Finalmente, Correa destacó que la inclusión financiera de la mujer no debe verse únicamente como un objetivo social, sino como una oportunidad de mercado masiva. En la región, el 73% de las emprendedoras aún no accede a financiamiento, lo que representa una brecha de inversión estimada en 93.000 millones de dólares. En nuestro país, el microcrédito ya representa el 31% de toda la cartera del sistema financiero, consolidándose como el sostén del consumo y el autoempleo en las zonas urbanas y rurales.
