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Cine

Marilyn Monroe rechazó los estándares estéticos de Hollywood para preservar su naturalidad

Nuevas revelaciones de su círculo cercano detallan cómo la actriz evitaba el uso de fajas y corsés, desafiando las normas de la industria en los años 50.

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Mientras Hollywood fabricaba imágenes perfectas, Marilyn Monroe hacía algo que sus colegas evitaban y que, sin que ella lo buscara, la acercó al público como ninguna otra estrella de su generación (Everett/REX/Shutterstock)
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Puntos clave de la noticia:

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La actriz estadounidense Marilyn Monroe mantuvo una postura de resistencia frente a los estándares de vestimenta de la industria cinematográfica de los años 50 al rechazar el uso de fajas y corsés, accesorios obligatorios para las estrellas de la época. James Haspiel, amigo cercano de la intérprete durante ocho años, reveló en una entrevista reciente que esta decisión buscaba preservar una imagen auténtica frente a la fabricación de figuras artificiales en Hollywood.

Haspiel, quien conoció a Monroe en septiembre de 1954 durante el rodaje de la película The Seven Year Itch en Nueva York, explicó que la actriz se diferenciaba de figuras como Lana Turner, quien utilizaba prendas de compresión para mantener un abdomen plano. Según el testimonio de Haspiel, la negativa de Monroe a utilizar estas prendas era visible en producciones como el thriller Niagara (1953) y la comedia The Prince and the Showgirl (1957), donde su silueta natural no se ajustaba a la rigidez estética del momento.

Salud y especulaciones sobre su imagen

La apariencia física de Monroe fue objeto de escrutinio constante por parte de la prensa internacional. Haspiel señaló que las fluctuaciones en su peso y la hinchazón abdominal que presentaba en ocasiones eran consecuencia de la endometriosis crónica que padecía, y no de supuestos embarazos como se especuló en septiembre de 1960. "Es el mismo vientre que se ve en pantalla durante dos horas en The Prince and the Showgirl", afirmó Haspiel para desmentir los rumores de la época.

Además de evitar las fajas, Monroe mantenía una rutina física inusual para las actrices de su generación. Según los registros de su círculo íntimo, la actriz practicaba levantamiento de pesas de 2.5 kilogramos y salía a trotar regularmente, hábitos que reforzaban su búsqueda de una condición física funcional más que meramente ornamental. Haspiel describió a la estrella como una construcción deliberada: "Marilyn Monroe era un disfraz que se ponía; en la vida real era Norma Jeane".

La percepción de la fama y el objeto sexual

Días antes de su fallecimiento el 5 de agosto de 1962, Monroe ofreció una serie de entrevistas al editor Richard Meryman, de la revista Life, donde profundizó en su malestar por ser tratada como un producto comercial. "Un símbolo sexual se convierte en un objeto. Simplemente odio ser un objeto", declaró la actriz en aquellas conversaciones, que fueron recopiladas posteriormente en el libro Marilyn: The Lost Photographs, The Last Interview.

En dichos encuentros, Monroe reflexionó sobre su origen en hogares de acogida y su descubrimiento fortuito en una fábrica a los 18 años. Sobre su imagen pública, sostuvo que la sexualidad solo es atractiva cuando es natural y espontánea, asegurando que nunca actuó de manera consciente bajo una premisa sexual. La entrevista original se publicó el 3 de agosto de 1962, solo 48 horas antes de que fuera hallada muerta en su residencia por una sobredosis de barbitúricos.

El legado de Monroe, según Haspiel, reside en esa autenticidad que la industria intentó moldear sin éxito. La decisión de no utilizar fajas, en un contexto donde la perfección física era una exigencia contractual, permanece como uno de los gestos de autonomía menos documentados de su carrera.